martes, 23 de junio de 2015

El Malgastado Síndrome de Estocolmo


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Como conocedora, especialista y con mis ya más de quince años de experiencia en el ramo de la Psicología; así como de tratar innumerables casos al respecto, estoy cansada de leer demasiadas tonterías sobre que la víctima puede enamorarse de su violador; por tal motivo, he decidido escribir sobre este tema para ver si así se educan un poquito estas personas, y logran salir de su nefasta ignorancia.  La gran cantidad de chiquillas hormoneadas suelen realizar fics en diferentes fandoms, en donde ignorantemente suelen presentar a la víctima como una llorona que realmente disfruta que le den duro hasta con un tubo, aunque así le mandan al hospital con todo el ano partido como que fuera rompecabezas de cien piezas.  Lo peor del caso, es ver a personas adultas consintiendo este hecho y transmitiéndolo como algo normal.  Llegan incluso descarada, pervertida e ignorantemente a utilizar el famoso “Síndrome de Estocolmo",  para justificar lo injustificable...  Una violación y un delito.

Lamentablemente la mayoría de personas desconocen el verdadero significado de este síndrome, haciendo uso indebido del mismo para señalar tal o cual acción de una víctima en general.  Primero, dejaré en claro que “NO es amor”.  Un asalto a un banco ocurrido en Estocolmo, Suecia en el año de 1973, fue el que dio origen a lo que hoy conocemos como el Síndrome de Estocolmo.  Durante el asalto los retenidos establecieron un tipo de complicidad y/o identificación con los secuestradores durante su cautiverio a tal grado, que cuando la policía logró detener a los secuestradores, las víctimas del secuestro defendieron a sus captores de las acciones policiales.

Existen otros casos en donde las víctimas de secuestro también terminan volviéndose parte de los victimarios a tal grado, que pueden participar de otros secuestros o acciones delictivas, tal es el caso de Patricia Hearst, hija de un magnate de prensa secuestrada a principios de 1974.  Aunque su rescate fue pagado, no se le localizó hasta tiempo después mientras ella también participaba en otro asalto armado, y aunque fue juzgada por el hecho, pronto fue liberada e indultada al diagnosticársele con este síndrome.  Una de las primeras cosas que debemos entender, es que este síndrome se produce bajo un estado emocional y mental en el cual, la víctima en cuestión se encuentra bajo cautiverio y se da generalmente de forma inconsciente y en un estado alterado.  En otras palabras, es un mecanismo de defensa que la víctima crea inconscientemente para poder sobrevivir.  Este Síndrome puede presentarse bajo las siguientes premisas y aclaro, puede presentarse pero en muy raras condiciones, ya que generalmente se presenta cuando no hay agresión:

1  La persona que sufre de maltrato intrafamiliar, sea físico y/o psicológico, desarrollan una defensa donde tratan de convencerse de que quieren a su victimario, para evitar el maltrato e incluso la muerte.  Generalmente lo hacen para no tener que lidiar con el sentimiento de culpa aunado a todos los problemas emocionales que ya han desarrollado bajo esta situación.

2 Aquellos secuestrados que para evitar ser más lastimados cedan a los caprichos o necesidades del victimario, como participar de otros crímenes como asaltos e incluso secuestros, pensando lo siguiente “Si lo ayudo, no me dañará”  “Si lo mantengo feliz, no me lastimará”; y ocurre a nivel inconsciente.

3 Esto aplica también a los prisioneros de guerra e incluso a quienes puedan estar sufriendo de violación; si se someten a voluntad, evitarán el proceso doloroso de la agresión. La víctima necesita resguardar su integridad, aunque eso signifique quedarse a vivir o hasta casarse con su victimario.

4 En los niños suele darse como una forma de evitar el castigo; pensando en que es la forma en que sus mayores pueden amarle y que si le agreden o violan, es porque hizo algo malo.

5 Los que se sienten agradecidos con el victimario por respetar su integridad física e incluso hasta cierto punto emocional.  La falta de agresión hacia la victima y el buen trato otorgado de parte del victimario, son los que provocarán una identificación con el secuestrador, pero sigue siendo un mecanismo de defensa inconsciente para sobrevivir.

El término fue acuñado especialmente por el último apartado, siendo así que el lazo que se forma, es porque los victimarios jamás lastiman a las víctimas; de lo contrario, jamás podrían identificarse con ellos ni mucho menos volverse sus cómplices creyendo que los victimarios siempre guardarán de su integridad.  No tienen motivos —O al menos eso creen—, para sentirse amenazados; se sienten seguros debido a que no han sido agredidos y saben que nunca lo serán.  En otras palabras, es mucho más difícil que se de este Síndrome si NO han sido agredidos; pero también puede darse bajo otras condiciones extremas de agresión.

Insisto y recalco… Para que el Síndrome se establezca 100% como tal en una identificación total con el agresor, es necesario que el secuestrado NO se sienta agredido, violentado o maltratado.  De lo contrario el trato negativo se transforma en una barrera defensiva contra la posibilidad de identificarse con sus captores, y aceptar que hay algo bueno y positivo en ellos y sus propósitos.  Si son agredidos lo que se presenta es un actuar consciente de supervivencia; la víctima sabe que lo hace para poder subsistir; pero cuando no hay agresión, se establece inconscientemente y es por eso que puede incluso apoyarle en actos delictivos, con tal de sobrevivir.

Sin por alguna razón quienes han estado bajo cautiverio sienten que han sido agredidos, será imposible desarrollar una complicidad; no podrán desarrollar el Síndrome por falta de identificación con los victimarios y únicamente se dará como un mecanismo de defensa consciente.  No obstante, aquellos que si llegaran a desarrollar el síndrome en su totalidad y su completa identificación con el victimario; una vez liberadas y alejadas de sus captores, estas pueden reaccionar y no querer volver a ver a las personas porque comprenden entonces por la situación que han pasado, quedando en ellos únicamente el sentimiento de “Perdón” por lo que hicieron, especialmente si nunca fueron agredidos, incluso pueden atestiguar a favor de ellos, pero no volverán a ser parte del Síndrome, aunque puede llegar a ser reiterativo, llegará un punto en el que abandonarán la idea por su propia voluntad.

Además hay que recalcar que el síndrome jamás se desarrolla en todos los secuestrados.  Únicamente un porcentaje menor de quienes están en cautiverio lo desarrollan y solo  se desarrolla como un mecanismo inconsciente, debido a que no puede defenderse de la posible agresión que pueda infringir el secuestrador.  Con esto evita el daño físico y un posible shock mental.  Básicamente lo único que desarrollará es un acercamiento, una complicidad, un agradecimiento y cierto grado de simpatía por su secuestrador; siempre y cuando este no le agreda; de lo contrario solo será un mecanismo de defensa desarrollado para sobrevivir; por lo tanto, JAMAS SERÁ AMOR como muchos equivocadamente lo describen.

Algo muy importante que recalcar, es que quienes llegan a padecer de este síndrome, generalmente también desarrollan sentimientos negativos hacia la familia, amistades y la misma policía, porque su mecanismo de defensa les obliga a tener una lealtad con el agresor, sin darse cuenta del verdadero peligro en el que están.  En términos psicodinámicos, lo que se produce es una identificación con el agresor, siendo así que puede llegar a tener un alto grado patológico en algunos más que otros, de la minoría de personas que llegan a desarrollar el síndrome.  Incluso pueden desarrollar una relación paterno filial, es decir de padre-hijo en el caso de niños o mujeres involucradas y adolescentes.

El hecho de que en alguna ocasión surja algún tipo de relación sexual consentida con la víctima, NO implica que ame a su victimario.  La víctima en cuestión necesita seguir sobreviviendo y como tal, debe acceder a los deseos de su violador o secuestrador, aprobando inconscientemente dichas acciones una vez activados sus mecanismos de defensa.  Reitero y hago  hincapié en este punto, el Síndrome de Estocolmo “No es y jamás será amor”, y para que se de una identificación casi total al punto de perdonar y aceptar estar voluntariamente con el victimario o secuestrador, e incluso hasta el punto de cometer crímenes, es porque no se siente amenazado ni tampoco ha sido agredido ni física ni emocionalmente por su captor.

Aunado a esto se da el “Síndrome de Lima”.  Este síndrome es desarrollado en todo caso por el secuestrador, victimario o perpetrador, y se da como auto respuesta al Síndrome de Estocolmo que se desarrolla en la víctima.  El victimario cree que no tiene necesidad de lastimar a la víctima, incluso puede llegar a percibirlo como un amigo y un aliado, tampoco se siente amenazado porque le denuncie o escape.  Su complicidad puede ser tanta que puede llegar a liberarle en cualquier momento.  No tiene necesidad después de un corto tiempo de retenerle a la fuerza; la víctima puede seguir a su lado por su libre voluntad.  El captor simplemente ve en la victima un aliado positivo que le ayudará en ese momento, y por lo tanto también le hace sentir seguro, ya que no representa ninguna amenaza a futuro, incluso puede parecerse a él y aprobar sus acciones, ayudándole a escapar aunque no huya sin él.

Ahora que ya tenemos todos claro lo que implica este Síndrome, estamos conscientes que no puede ser usado como una falsa justificación de que una persona violada puede amar a su violador.  Eso no es cierto ni nunca lo será.  Una persona a la que le es transgredida y violentada su intimidad, no puede amar a quien le produce tanto daño, solo puede llegar a dejar de oponerse, para evitar ser más dañada y así, sobrevivir.

En conclusión, la “Violación NO es amor”, es un crimen que debe ser castigado y que no debe quedar impune.  Es triste y lamentable atender en clínica a diversos casos de violación que destrozan la vida tanto de las víctimas, como de sus seres queridos; personas que muchas veces nunca podrán recuperarse, otras que lo harán por etapas pero que siempre habrá algo que les afecte con el paso del tiempo, y claro está, sin olvidar a aquellas víctimas que no pudieron sobrevivir para contarlo.

El consentir la violación como un acto de amor, además de demostrar que quien lo hace es una persona patética y enferma, también deja ver su falta de sensibilidad a la desgracia de su semejante, y tampoco está en la calidad moral de pedir respeto hacia su persona por la simple razón, de que no puede respetar el dolor ajeno; porque está claro que ni si quiera se puede pretender el imaginar y mucho menos excusar, con que sólo se trate de una fantasía e incluso, sólo porque es un animé y no es real.  El punto no es si es un animé o no, si es una fantasía o no, o sólo porque se está a la moda; el punto es que se está aprobando un delito; y sólo se necesitan dos dedos de frente y un poco de sentido común para comprenderlo.

Espero les sirva el artículo, lo comprendan, lo compartan pero sobre todo, lo apliquen tal y cual es en la realidad.  Siento mucho si se lee redundante pero me es necesario hacerlo para asegurarme de que les quede claro el significado.  Sólo para finalizar y como un consejo, antes de hablar sobre el Síndrome de Estocolmo, les aconsejo que primero se informen correctamente, antes de quedar en ridículo y como ignorantes, por escribir o hablar cosas que ni siquiera saben.

Muchas gracias a Gabriela Thaiso quien me proporcionó información de la película “Tom at the Farm”, porque es lo que más he encontrado que se acerca al Síndrome de Estocolmo.  Vean al menos unos cortos de la película donde la víctima, se tiene que ver obligado a cooperar con los caprichos de su captor para evitar ser lastimado.  Al final y según tengo entendido, Tom logra escapar de su captor; aunque en estos cortos no se logra ver.

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