lunes, 24 de agosto de 2015

Madre, o el uso de un mito para victimización.

Todos lo hemos escuchado alguna vez, el “amor de madre” que es más grande que todo, que hace que las mujeres soporten pesares por sus hijos, para protegerlos y criarlos. Hemos crecido con esa idea mitificada de la madre como el símbolo de amor y sacrificio supremo.
Sacrificio, definición:
  • Acción que desgrada o que no se desea hacer, pero se hace por necesidad, obligación o altruismo.
  • Esfuerzo o dolor que se sufre por un ideal o sentimiento.
Seamos claros, no estoy en contra del amor maternal, no estoy en contra de querer a sus hijos y sacrificarse por ellos. Sin embargo, esta conducta que se espera de las mujeres, de las madres, estas ideas también son las que acercan al maltrato, a la aceptación del maltrato como un sacrificio más que se hace en nombre de los hijos.
Aquí, en el grupo, la mayoría somos de Latinoamérica, y creo que casi todas conocemos la realidad rural (que es la realidad de la mayoría de nuestros países). No creo que haya una de nosotras que no ha escuchado, al menos una vez, algo parecido al lo hice por mis hijos, me golpea, pero mis hijos merecen un padre, muchas veces lo dicen incluso con orgullo. Orgullosas de ser víctimas, de ser un sacrificio más en pos de la imagen de madre abnegada, valiente en su sufrimiento.
Hace unas semanas, en mi país y mi ciudad en específico, se mostraba un vídeo de una mujer golpeada por casi media hora por su esposo. La jueza -en una muestra de la habitual justicia peruana- decidió que no habían pruebas para condenar al hombre por intento de homicidio, e incluso se negó a ver el vídeo. Días después, la mujer salió a declarar, para retirar los cargos, alegando que era una discusión de pareja y que nunca permito que toque a mis hijos. Para ella está bien ser golpeada, mientras no toque a sus hijos. Ella es madre y es escudo, y les da a sus hijos un padre. Esa es la imagen de madre que la sociedad peruana -y de toda Latinoamérica- tiene. La sacrificada, siempre.
Estas ideas son las que hacen que las víctimas de abuso crean que es normal, que acepten su papel, y que justifiquen a sus agresores. Vivimos en una sociedad que prepara niñas para sufrir, que las educa en esa idea. Crecen viendo a sus madres encajar golpes, llorar a oscuras y mostrar con orgullo su sufrimiento. Porque, al parecer, mientras más sufres eres mejor, más buena, más ideal. ¿No pueden ver lo mal, lo dañino que es este estereotipo que reproducimos? No creo que sea necesario sufrir para ser una buena madre, ni perderse a sí misma por los hijos. No creo que sea necesario tener una imagen maternal relacionada al sufrimiento. No les estamos enseñando a las niñas a luchar, les estamos enseñando a ser víctimas. Solamente que estas víctimas creen que lo hacen está bien, que las enaltece. Y NO ES ASÍ. No lo es. Una mujer que decide no denunciar al padre de sus hijos porque no quiero que mis hijos sepan que está en la cárcel no es una mujer luchadora. Una mujer que cambia los golpes a sus hijos por golpes a ella, no es buena. Es sólo una víctima más, y es alguien que necesita ayuda. Mucho más importante, es alguien que necesita darse cuenta que no tiene porqué seguir siendo una víctima. No tiene ninguna razón para soportar ningún tipo de maltrato, y deben darse cuenta que lo único que hacen es que sus hijos normalicen la agresión, está criando futuros agresores y futuras víctimas.
Hubo otro caso, en Mexico. Un niño murió asesinado a golpes por su padresto. En una entrevista, la madre contaba que él era violento, que un día quiso golpear a sus hijos y ella se interpuso. Entonces, la golpeó a ella, pero  si golpeaba a sus hijos la relación se terminaba. Pero no denunció los golpes que le dieron a ella. Porque todo está bien si no tocan a tus hijos, porque la violencia es normal en nuestros países. Y se proclama una víctima más. Pero, ¿saben qué? Basta de eso. La diferencia entre una víctima y una superviviente, es la decisión de detener el abuso. Si esa mujer se hubiera separado del hombre al primer golpe hacia ella, su hijo estaría vivo.
Y no es solamente en los golpes. He visto madres defender a sus hijos de sus nueras golpeadas, de ir a la cárcel, humillarse ante cobradores de préstamos porque una madre hace todo por sus hijos. Maltrato físico, psicológico y humillaciones por un estereotipo, por una imagen que nos meten a la cabeza desde que tenemos uso de razón, que nos repiten a cada momento. Sufre, igual está bien. Sufre, que eres buena por sufrir.
Dejemos de pensar que una madre es un escudo para los hijos. Y no, no estoy diciendo que debe descuidarse de sus responsabilidades, estoy diciendo que no debe aceptar ni el maltrato, ni la infelicidad por los hijos.
La única persona por la que siento algo cercano a instinto maternal es mi hermana pequeña. Y no quiero enseñarle a ser una “mujer luchona”, no bajo los términos que la sociedad entiende como una mujer -una madre- luchadora. Quiero que entienda que puede decidir hacer lo que ella desea, que un hijo no es una carga -no debería serlo-, que no debe soportar nada. Que la verdadera valentía es pararse y detener el golpe y atreverse a llevar una vida mejor. Con o sin hijos, con o sin un hombre a lado. Dejemos de crear víctimas.

PD: Siéntanse libres de dar su opinión en los comentarios.


Rei

1 comentario:

¡Deja tu opinión!, las respetamos casi todas y no mordemos... bueno, a veces.